Cada año terminan en los océanos hasta 14.000 toneladas de crema solar. Muchos filtros químicos presentes en los protectores solares son tóxicos para los arrecifes de coral, provocando su blanqueamiento y daño irreversible.
Al utilizar ropa con protección solar, reduces drásticamente la cantidad de crema solar que acaba en el mar.
De esta forma proteges tu piel y la de tus hijos de la forma más segura avalada por dermatólogos, y a la vez, evitas que químicos dañinos entren en contacto con el ecosistema marino.
"La protección más sostenible es la que no deja rastro en el agua."